Poda de formación: guiar al árbol para que crezca recto
Por qué no se poda en pleno invierno, cuál es el momento justo al final del invierno y cómo elegir una guía principal para que el árbol crezca vertical y fuerte.

La poda de formación (o de crecida) se hace en los primeros años del árbol para orientar su crecimiento: un tronco recto, una guía principal clara y ramas bien repartidas. Bien hecha, evita problemas estructurales en el futuro y aporta más valor ecológico y maderero.
Por qué no podar en pleno invierno
Durante el invierno el árbol parece dormido, pero bajo tierra sigue trabajando: dedica su energía a desarrollar las raíces y almacena reservas para la primavera. Podar entonces le obliga a cerrar heridas en un momento en que apenas cicatriza y las expone durante semanas al frío, la humedad y los hongos.
El momento justo: al final del invierno
Poda al acabar el invierno, cuando ya han pasado las heladas fuertes y justo antes de que se hinchen las yemas y empiece el crecimiento aéreo. Así las heridas cicatrizan rápido con la subida de savia y toda la energía acumulada se concentra en las ramas que has decidido conservar.
Cómo hacerla
- Elige una guía principal: el brote más vertical y vigoroso. Si hay dos que compiten (horquilla), deja solo uno.
- Elimina ramas secas, dañadas o que se crucen y rocen entre sí.
- Quita las ramas bajas de forma progresiva, a lo largo de varios años, nunca todas a la vez.
- No retires más de un tercio de la copa en un mismo año.
- Corta limpio, justo por fuera del cuello de la rama (el pequeño abultamiento en su base), sin dejar tocones ni dañar el tronco.
Herramientas y cuidados
Usa tijeras bien afiladas para ramas finas y serrucho de poda para las más gruesas. Desinfecta las herramientas entre árboles (alcohol o lejía diluida) para no transmitir enfermedades.
Cada especie tiene sus particularidades: algunas, como el castaño o los robles, toleran bien la formación; otras apenas necesitan intervención. Ante la duda, consulta con la organización gestora del bosque.